domingo, 13 de marzo de 2016

Más monárquicos que el Rey / Juan Francisco Martín Seco *

Dada la situación política de España, es difícil escribir sobre otra materia, ya que esta proporciona a diario suficientes lances dignos de comentar. La verdad es que no se vive tan mal sin Gobierno. Me explicaré para no escandalizar a la concurrencia, que estos días está muy propensa a rasgarse las vestiduras. La Administración continúa funcionando. Gobierno tenemos, solo que con las manos atadas, como el que dice, puede ejercer solo en los asuntos corrientes, en los de trámite. Lo que no le está permitido es legislar, lo cual se agradece después de una época más bien larga de diarrea legislativa, en la que cada gobierno se superaba respecto al anterior. Por otra parte, la experiencia dice que la mayoría de las normas traen pocas cosas buenas. Se produce un gran contraste entre los programas electorales (o los de investidura) y lo que después se termina llevando a cabo en el Gobierno.

Después de las sesiones de no investidura, los dos partidos políticos del pacto han quedado un poco fanés y descangallados, como en el tango. Dicen que los socialistas están indignados con Pablo Iglesias, no solo por no plegarse a los deseos de Pedro Sánchez, sino por su alusión a la cal viva y a Felipe González, y la verdad es que no entiendo muy bien por qué. La historia y el pasado son inmisericordes. Recuerdo yo a una diputada de Izquierda Unida que hace años le propinó a González aquello de que tenía las manos manchadas de sangre, y poco después la hicieron consejera en el Gobierno de Andalucía con Griñán, y más tarde ministra con Zapatero, diputada con el PSOE, y actualmente es consejera con Susana Díaz. Así que me he preguntado si Iglesias que veía cómo Pedro Sánchez no era proclive a nombrarle vicepresidente -ni siquiera ministro- no habrá quizás escogido este camino pensando que era una forma más directa de conseguir su objetivo. Tampoco entiendo muy bien que el PSOE haya pretendido demonizar al líder de Podemos por la referencia que hizo de Otegui. ¿Acaso olvidan que el primero que le llamó hombre de paz fue Zapatero?

Felipe se ha hecho el displicente afirmando que no le ofenden las palabras de Pablo Iglesias y apostillando a continuación que no entiende por qué tiene esa carga de rabia y de odio dentro. Y sin venir a cuento añadió: “Yo sé que es un buen discípulo de Anguita”. Con lo que demostró que es él el que arrastra una buena dosis de resentimiento y rencor, ya que, por lo visto, después de tantos años no puede olvidar a Julio Anguita. Y es que el problema de González ha sido siempre la izquierda. Problema que ha contagiado a todo el PSOE.

El partido socialista, a pesar de que cuando ha estado en el Gobierno ha hecho la mayoría de las veces políticas de derechas, ha querido ser siempre la única y auténtica izquierda, ha tolerado muy mal la existencia de cualquier otra formación política a su siniestra, y ha dado todos los pasos posibles para destruirla. Es más, la ha ninguneado permanentemente y se ha creído con derecho a contar siempre con sus votos sin pagar peaje alguno, bajo el chantaje de que, de lo contrario, se hacía el juego a la derecha. En otras épocas, frente a Izquierda Unida agitó de continuo el fantasma de la pinza, fantasma que vuelve de nuevo de la mano de Pedro Sánchez y sus adláteres aplicado a Podemos. Esta formación tiene por fuerza que ser su lazarillo sin pedir nada a cambio, porque, si no actúa así, es que opta por el gobierno del PP.

El argumento es infantil pero sin duda tiene gancho. Tan es así que Ciudadanos lo ha copiado para emplearlo en sentido contrario contra el PP; esta formación al votar “no” a Pedro Sánchez se situaba del lado de Podemos, de los independentistas y de Bildu. El sofisma es evidente, porque si algo ha quedado claro de estas sesiones de investidura es que el nacionalismo y el independentismo prefieren un gobierno de Pedro Sánchez al de Rajoy.

El otro día en el discurso de la no investidura, entre los muchos sofismas que utilizó, el candidato realizó dos afirmaciones ciertas. La primera, que todo posible gobierno pasa por el PSOE. No obstante, es incapaz de sacar las consecuencias y es que por eso mismo esta formación también está implicada y es la máxima responsable en el fracaso de posibles pactos y en la convocatoria de nuevas elecciones.

La segunda aseveración se refería a que el 20-D los ciudadanos optaron por los acuerdos y a favor de que las fuerzas políticas se entendiesen. Sin duda es cierto que el abanico político se ha hecho más plural, y lo único claro de los resultados de las pasadas elecciones es que los partidos, si quieren garantizar la gobernabilidad están forzosamente obligados a dialogar y a pactar. Pero esta consideración se la debía haber aplicado a sí mismo, y tendría que haber negociado al menos con las otras fuerzas con las que puede sumar, es decir, con Podemos y con el PP. Pactar exclusivamente con Ciudadanos es un brindis al sol, como ya se ha comprobado.

Pedro Sánchez, siguiendo la tónica de sus antecesores, ha pensado que las fuerzas a su izquierda están obligadas a cederle sus votos sin ninguna contrapartida, con la única finalidad de que no gobierne la derecha. Se olvida de que en esta ocasión el PSOE tiene tan solo 90 diputados, y Podemos se acerca a él en escaños y casi les alcanza en votos, por lo que no cabe el ninguneo ni el apoyo gratuito. Pactar significa pactar y, si es necesario, ofrecer gobiernos de coalición tal como ha hecho Rajoy y tal como, con toda lógica, demanda Podemos al PSOE, tanta más lógica cuanto que el partido socialista tiene una larga experiencia en ser rojo en la oposición y azul en el gobierno.

El error de Pedro Sánchez es que ha procedido como si tuviera mayoría absoluta o le faltasen unos pocos escaños para tenerla. Ha justificado su actuación poniendo como pantalla al Rey. Su conducta obedecía a que el Rey le había nombrado candidato a la Presidencia del Gobierno -se alejaba así de lo que en sentido estricto es una Monarquía Parlamentaria-, responsabilizando al Monarca de decisiones que no le competen. La designación real obedece tan solo a lo que le indican en la ronda de contactos los líderes políticos. Si el Rey designó al secretario general del PSOE fue únicamente porque este le dio a entender que obtendría los votos necesarios.

Curiosamente, es la propia Casa Real la que está recordando semejante obviedad, refiriéndose a un texto del discurso de Navidad del propio Monarca: “En un régimen constitucional y democrático de Monarquía Parlamentaria como el nuestro, las Cortes Generales, como depositarias de la soberanía nacional, son las titulares del poder de decisión sobre las cuestiones que conciernen y afectan al conjunto de los españoles: son la sede donde, tras el debate y el diálogo entre las fuerzas políticas, se deben abordar y decidir los asuntos esenciales de la vida nacional”. En fin, que cuando hay intereses en juego algunos son mas monárquicos que el propio Rey.


(*) Interventor y Auditor del Estado. Inspector del Banco de España


No hay comentarios: