viernes, 4 de septiembre de 2015

Estado de podredumbre / Ramón Cotarelo *

Esto tiene ya muy difícil arreglo. Los meses que quedan hasta las elecciones de diciembre van a ser un verdadero suplicio de disparates. Con la fecha del 20 de diciembre, el gobierno no es que haya escogido la que más le convenía sino la última posible antes de entrar ya en el terreno de la ilegalidad, negándose a convocar elecciones, cosa nada de extrañar, vista su procedencia ideológica. Aquí, como en las últimas semanas de Dolores de Cospedal, ancha es Castilla y a conceder más contratos que en sus cuatro años de gobierno. En los tres meses y medio hasta diciembre habrá tiempo de ver verdaderos primores y auténticas barbaridades en contra del Estado democrático de derecho que parece provocar sarpullido a la derecha española.

Niegan Barberá y Fabra que el Senado sea una cámara para retirar elefantes. Con ello solo quieren decir que no se consideran "elefantes". 
 
"Elefantes" quizá no, primeramente porque no es necesario retirar los elefantes a sitio alguno; se retiran solos. Otra cosa son los "trastos viejos". Y para eso sí está pensado un buen rato el Senado: para retirar y acumular enseres, trastos viejos o inservibles. Rudi, Barberá, Fabra, Bauzá, han perdido las elecciones y se habían quedado sin curro partidista y, en algún caso, como Barberá, sin curro a secas, pues sospecho que fuera de la alcaldía de Valencia, no trabajó nunca de nada. Llevaba 24 años de alcaldesa y es fácil suponer que los valencianos se hartaron de verla. Los demás perdieron las elecciones por incompetentes. 
 
Su partido, por tanto, les busca un premio de consolación o una recompensa, que no está claro, a costa de los dineros del contribuyentes en el Senado que, en efecto, es una segunda cámara colegisladora de cuya pertinencia hay sobradas dudas. El Senado, o sea la mitad del poder legislativo, es un recinto para colocar enchufados. No vaya a ser que por un puñado de votos, la señora Barberá se quede sin un bolso de Vuitton. No sirve para retirar elefantes sino bolsos de Vuitton. En nombre de todos los dioses del Olimpo, ¿sobre qué puede intervenir Barberá en el Senado sin hacer el ridículo? O sea, efectivamente, el Senado no sirve para nada excepto como lugares de vacaciones a libre disposición de los partidos para adjudicarlas como quieran a sus amigos, compinches y enchufados y con nuestro dinero. 

El hijo de Tejero, ascendido, creo, a coronel, ocupa un lugar en un Consejo de la Guardia Civil por delegación expresa del ministro del Interior. Ciertamente, los hijos no heredan los pecados de los padres. Pero tampoco se libran del todo de ellos porque los nombres son estirpes, a lo menos en lo simbólico. Un hijo de un golpista, condenado como tal, con puesto de importancia en la Guardia Civil manda un mensaje al ámbito público suficientemente significativo: la Guardia Civil es nuestra, como todo en este cortijo que llamamos España y ponemos en ella a quien nos da la gana porque esa es nuestra idea del Estado de derecho.

Por último el proyecto de reforma del Tribunal Constitucional deja definitivamente en claro que aquí se está dispuesto a pasar por encima de lo que sea por defender el orden constituido. Constituido ¿por quién o para quién? Por la oligarquía tradicional y parásita española: los terratenientes, los grandes financieros y banqueros, los empresarios, la jerarquía eclesiástica y para el adelantamiento de sus intereses. De esa tarea de gendarme quiere ahora el gobierno se encargue el TC contra toda lógica y espíritu jurídico. Aun en el supuesto de que cupiera convertir al TC en ejecutor de sus propias decisiones habría que justificarlo y eso no es posible. 
 
Dice Rubio Llorente que con este proyecto, el gobierno se carga el TC. No es así exactamente en nuestra opinión: el gobierno se cargó el TC mucho antes, cuando bloqueó durante años su renovación por intereses partidistas o cuando hizo que se nombrara presidente a un ex-militante del PP y contratado de la FAES. Ahora se limita a enterrarlo. Un tribunal concebido como órgano de ejecución de las decisiones del gobierno no es un tribunal sino un cuerpo de guardia de los gobernantes.

De Estado de derecho, que es contenido y forma, en España no queda nada. Los ciudadanos no somos iguales ante una ley que encarcela a la gente menuda y protege a los grandes ladrones; que abandona a los necesitados y les priva de lo suyo para subvencionar a los ricos y las granes fortunas. Los procedimientos han saltado por los aires. El gobierno actúa en permanente fraude de ley que es como actuar ilegalmente y actúa con criterios despóticos, antidemocráticos, coartando la libertad de expresión, tratando de impedir que los catalanes puedan ejercitar sus derechos. Y todo ello al ritmo frenético de la gestión pública más absurda y corrupta de toda Europa.

De aquí a las elecciones "en torno al 20 de diciembre", (dice Rajoy) puede pasar y pasará cualquier cosa. Y ya veremos cuando se sepa con exactitud la fecha porque pueda hacerlas coincidir con el sorteo del Gordo y hasta asegurarse de en dónde caerá el gordo, una vez que el otro Fabra, al que siempre tocaba, ya está en la cárcel. No sería extraño en un personaje como Rajoy, capaz de adelantar o retrasar los plazos electorales por motivos exclusivamente electorales.
 
 
(*) Catedrático emérito de Ciencia Política en la UNED

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