jueves, 6 de agosto de 2015

La llegada de inmigrantes a Europa, el preanuncio de un fenómeno mayor / Antonio Sánchez-Gijón *

El miércoles 5 de agosto desaparecieron en el Mediterráneo, cerca de las costas libias, varios centenares de personas. Este número incierto se une a las dos mil que se estiman ya han fallecido en el Mediterráneo, en este año, en su intento de alcanzar las costas de Europa.
Los go­biernos na­cio­nales y las ins­ti­tu­ciones eu­ro­peas se ven so­bre­pa­sadas por oleadas de in­mi­gran­tes. Sus po­lí­ticas de in­mi­gra­ción no están dando re­sul­ta­dos: ni di­suaden a los po­ten­ciales emi­grantes de em­prender el viaje, ni lo­gran im­pedir su sa­lida ma­siva, ni saben qué hacer con la ma­yoría de ellos una vez han lle­gado a sus costas o fron­te­ras. Según los acuerdos del Consejo Europeo, le­gal­mente sólo se les puede con­ceder asilo si prueban tener de­recho por ra­zones de per­se­cu­ción po­lí­ticas y de se­gu­ri­dad.
La apor­ta­ción de pruebas es muy di­fí­cil, in­cluso en casos ge­nuinos de per­se­cu­ción, y es im­po­sible en los casos de los que buscan re­fugio por ra­zones eco­nó­micas o de su­per­vi­ven­cia. La mayor parte de los in­mi­gran­tes, sin em­bargo, no son casos ge­nuinos de per­se­cu­ción, sino víc­timas de “los desas­tres de la gue­rra”, como es la des­truc­ción de ciu­da­des, me­dios de tra­bajo, es­cue­las, cen­tros hos­pi­ta­la­rios, etc., que hacen im­po­sible la vida por en­cima del nivel de mera su­per­vi­vencia en ha­ci­nados campos de re­fu­gia­dos. Estos gru­pos, mu­chas veces fa­mi­lias en­te­ras, cons­ti­tuyen el grueso de los que in­tentan en­trar en Europa. La ma­yoría de ellos no son coop­ta­bles como re­fu­giados ni pueden es­perar en­con­trar un em­pleo. Lo má­ximo que puede es­perar le­gí­ti­ma­mente, en su con­di­ción de seres hu­ma­nos, es la asis­tencia bá­sica para su su­per­vi­ven­cia.
En cuanto a au­to­ri­za­ciones de asilo, los es­tados de la Unión han in­ten­tado re­partir cuotas de aco­gi­miento entre los es­tados miem­bros, hasta un total de unos 35.000 en este año. La gra­vedad del pro­blema eu­ropeo se puede ana­lizar en el ejemplo de Alemania, el país más an­siado por los so­li­ci­tantes de asilo y los bus­ca­dores de em­pleo. La Oficina para la Inmigración y los Refugiados daba cuenta el 31 de julio de que sólo en ese mes se ha­bían tra­mi­tado 70.000 so­li­ci­tudes de asilo, y se es­pe­raba que el total anual al­can­zase los 600.000. Noventa y cuatro mil de ellos, sin em­bargo, pro­ce­dían de los Balcanes, por lo tanto de países po­ten­cial o ac­tual­mente parte de la Unión Europea, por lo que debe pen­sarse en ellos más como in­mi­grantes la­bo­rales que como re­fu­giados po­lí­ti­cos.

Los cinco fac­tores de la geo­po­lí­tica hu­mana

 

Este es un pro­blema que pro­ba­ble­mente se irá agra­vando con el paso de los años. Varios fac­tores de lo que con cierta li­cencia me per­mi­tiré llamar “geopolítica hu­mana” con­tri­buyen a ello. Todos co­locan a Europa en una si­tua­ción pa­siva, como re­cep­tora de las con­se­cuen­cias de cam­bios que tienen lugar en su pe­ri­feria geo­po­lí­tica. Esos fac­tores se pueden cla­si­ficar en 1) geo­grá­fi­cos, 2) ins­ti­tu­cio­na­les, 3) eco­nó­mi­cos, 4) de se­gu­ri­dad, y 5) de­mo­grá­fi­cos. Veamos estos fac­tores uno por uno.
Europa de­marca un es­pacio geo­po­lí­tico de­fi­nido y es­table en tér­minos eco­nó­mi­cos, po­lí­ticos e ins­ti­tu­cio­na­les. Además, goza de una larga paz. Ninguna de esas con­di­ciones se da más allá del Levante me­di­te­rrá­neo, ni en el tramo cen­tral del norte de África, ni en el nor­deste de este in­menso con­ti­nente, ni en la re­gión del Sáhara, ni en el África Ecuatorial. Quien quiera huir de la vio­lencia o de la po­breza, no tiene mejor ‘proposición’ que Europa, que además para mu­chos de esos pue­blos está prác­ti­ca­mente a pocas horas de na­ve­ga­ción. Aunque los pe­li­gros de cruzar el Mediterráneo no son me­nores que los de atra­vesar el Sáhara, por lo menos el pe­noso trán­sito es más breve.
Como es­tados ins­ti­tu­cio­nal­mente es­ta­bles sólo se pueden contar Argelia, Túnez, Egipto, Jordania, Arabia Saudí y al­gunos emi­ratos ára­bes. Fuera de Túnez y en al­guna me­dida Argelia y Jordania, las po­bla­ciones de nin­guno de ellos gozan de ins­ti­tu­ciones de­mo­crá­ticas y de li­ber­tades fun­da­men­ta­les. Los países del África del Sahel y la Subsahariana su­fren de grados me­nores o ma­yores de deses­truc­tu­ra­ción so­cial, po­lí­tica y eco­nó­mica.
Las con­di­ciones eco­nó­micas y los fac­tores de se­gu­ridad que les afectan deben ser ana­li­zados bajo un mismo prisma. Muchas de las eco­no­mías de ese in­menso te­rri­torio están arrui­nadas por las gue­rras. Son los casos de Siria, Iraq, Yemen, Somalia, Sudán del Sur, Níger, Mali, Libia, etc. Alemania ha re­gis­trado este año 40.000 so­li­ci­tudes de asilo por des­pla­zados de Siria. El go­bierno de Damasco con­trola sólo la cuarta parte del te­rri­to­rio, aunque en ella vive aún la ma­yoría de la po­bla­ción.
Otras eco­no­mías se re­cu­peran como pueden de la ines­ta­bi­lidad creada por la lla­mada Primavera Árabe. A Túnez se le ha hun­dido la in­dus­tria del tu­rismo por los su­ce­sivos actos de te­rro­rismo de que ha sido víc­tima. Casi todas esas na­cio­nes, ade­más, de­penden crí­ti­ca­mente de la ex­por­ta­ción de re­cursos na­tu­ra­les. Argelia sufre el des­censo del precio de los hi­dro­car­bu­ros.
La ac­ti­vidad eco­nó­mica libia pende de una frac­ción de su pro­duc­ción his­tó­rica de pe­tróleo y en medio de una guerra ci­vil. Egipto salva las cuentas del Es­tado agra­cias a los sub­si­dios de Arabia Saudí, Estados Unidos, etc., y sufre un paro ju­venil ma­sivo, po­ten­cial foco de ines­ta­bi­li­dad. Su prin­cipal ri­queza con­siste bá­si­ca­mente en el valle del Nilo, se­guido del canal de Suez, y una in­dus­tria no com­pe­ti­tiva in­ter­na­cio­nal­mente. Siria está arrui­nada por la re­vo­lu­ción y el te­rro­rismo, lo mismo que Iraq, que vive una eco­nomía de guerra sus­ten­tada pre­ca­ria­mente por el pe­tró­leo. Somalia, Eritrea y Sudán del Sur viven en el con­flicto ci­vil, sobre te­rri­to­rios po­bres en re­cur­sos, y con sus eco­no­mías blo­queadas por un en­torno igual­mente vio­lento.

La de­mo­gra­fía, el factor prin­cipal de los des­equi­li­brios


Si todo lo seña­lado arriba da cuenta del por qué mi­llares de de­ses­pe­rados (y su­po­nemos que tam­bién mu­chos es­pí­ritus em­pren­de­do­res) se vuelcan sobre las costas de Europa, creando si­tua­ciones que la Unión Europea no acierta a im­pedir ni a re­me­diar, las pers­pec­tivas de­mo­grá­ficas de la zona geo­po­lí­tica que nos ocupa mues­tran un in­menso po­ten­cial para que la pre­sión sobre Europa au­mente al compás del cre­ci­miento de la po­bla­ción. Haré una lista de va­rios ín­dices tan sig­ni­fi­ca­tivos como alar­man­tes.
Los de­mó­grafos Jean-Pierre Guengant y John May han seña­lado que el cálculo del des­censo de la tasa de fer­ti­lidad de África pre­vista hace años por las Naciones Unidas fue erró­neo. Sólo se cum­plió en 14 países afri­ca­nos, que en con­junto re­pre­sen­taban el 14% de la po­bla­ción total afri­cana. Las NN.UU cal­culan que la po­bla­ción de África, ac­tual­mente de algo más de mil mi­llo­nes, será de 1.600 mi­llones en 2030, y de 2.700 en 2050. Si en 2010 los me­nores de 14 años eran 411 mi­llo­nes, la pro­yec­ción para 2050 es de 839 mi­llo­nes.
No hay ne­ce­sidad de pro­yec­tarse al fu­turo para que arru­guemos ya el en­tre­cejo. Según cálculos de Farzani Roudi, del Population Reference Bureau de las NN.UU, la po­bla­ción ju­venil de Oriente Medio y Norte de África (15-24 años), de 2010, era de 90 mi­llo­nes. Una ju­ventud afec­tada por un paro del 24% en 2009 fue un caldo de cul­tivo para los le­van­ta­mientos que co­men­zaron en 2010. Es una po­bla­ción ju­venil que crece un 2% anual, por en­cima de la media mun­dial, y que sufre un sis­tema edu­ca­tivo muy de­fi­ciente y un paro ma­sivo.
Estos des­equi­li­brios en tér­minos de po­bla­ción, ri­queza, edu­ca­ción e ins­ti­tu­cio­na­li­za­ción so­cio-­po­lí­tico, entre Europa y su en­torno geo­po­lí­tico del sur y del su­r­este de su masa te­rri­to­rial, se tra­du­cen, como in­dican las in­ter­re­la­ciones seña­ladas más arriba, en riesgos de se­gu­ri­dad, cuyo al­cance ni si­quiera se les ha pa­sado por la ca­beza a los go­ber­nantes preo­cu­pados por las de­cenas de miles de in­mi­grantes que llegan a las costas de Italia, los pocos mi­llares que es­peran en Calais su opor­tu­ni­dad, y los cientos que in­tentan a través del es­trecho de Gibraltar llegar a Europa. 
En la geo­po­lí­tica hu­mana, como en la geo­po­lí­tica ‘tout court’, cada uno de sus fac­tores cons­ti­tu­tivos se cruzan tarde o tem­prano con todos los otros, ge­ne­ral­mente creado con­flic­tos. Y así, poco a poco, o a toda prisa, cam­bian las ci­vi­li­za­cio­nes.

(*) Periodista

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