viernes, 17 de julio de 2015

Adaptar la costa al cambio / Higinio Picazo *

Ya sabíamos, o sospechábamos, que la costa no es una cosa quieta, monolítica, inmune al cambio. Y en particular sabemos desde hace ya algún tiempo que las costas tienen una extraña manía con retroceder. 

No lo harán por gusto, seguro. Porque a quién persona o cosa le gusta andar modificando sus propias rutinas placenteras. Es el cambio climático el que obliga al mar a subir y subir, y no sólo porque tenga más agua proveniente del deshielo de los casquetes polares, sino también porque un agua más caliente tiene también la manía de ocupar más espacio. 

El caso es que hace tiempo que sabemos que el mar, tozudo, busca comernos el terreno; y que las playas, frágiles, van tendiendo a ser más pequeñas. El ministerio de Agricultura, Agua y Medio Ambiente acaba de hacer pública su «Estrategia de adaptación al cambio climático de la costa española» en la que este fenómeno se pone de manifiesto con sus cifras y sus letras. Los efectos del cambio climático son ya medibles por toda la geografía española, también en las costas murcianas. 

En diversas zonas del litoral de nuestra región la subida del nivel del mar, poco espectacular pero paulatina, debe ser corregida con inversión e infraestructuras, por ejemplo con diques y con la aportación de arena a las playas. En la Manga, por ejemplo, el mar roba cada año unos setenta centímetros de playa, subidas de nivel pero también temporales mediante. La regresión de la costa está generando incluso ciertas molestias vecinales cuando el agua marina es capaz ya de entrar en garajes o sótanos que deben achicar el agua instalando bombas conectadas al alcantarillado público.

Desde luego este es un problema tan global como mundial es el del cambio climático. Y no habrá soluciones sencillas. Probablemente lo más eficaz a largo plazo sería pelear con energías redobladas sobre las causas que generan el cambio climático, el gran y extremadamente difícil reto del siglo XXI. Pero también a nivel local se pueden hacer cosas, algunas las plantea la Estrategia del ministerio, otras pueden ser planteamientos a nivel regional, como las que pueda aplicar la Demarcación de Costas o la iniciativa de la consejería de Agua, Agricultura y Medio Ambiente con el Plan de Gestión Natura 2000 del Mar Menor. O reaccionando con el planeamiento urbanístico en la costa, introduciendo estas cuentas del cambio climático en la planificación territorial. Y en todo caso, con la participación de expertos y de la sociedad.

El documento presentado por el MAGRAMA, que por cierto está a exposición pública para que cualquier persona pueda alegar sobre sus medidas, es un muy interesante documento de partida para enfrentarnos a este problema. Léanlo, sugiero, y si corresponde, opinen. Este tiempo que nos ha tocado vivir es la primera vez en la historia en el que podemos hacer predicciones fiables sobre lo que nos deparará el futuro. Absurdo sería desaprovechar este inmenso avance de las capacidades humanas.

(*) Biólogo

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