viernes, 26 de junio de 2015

La cleptocracia / Ramón Cotarelo *

Ya están en el aire los miles de emails de Blesa, esos que no se sabe si están bajo secreto de sumario, prohibidos por una u otra autoridad, ocultos bajo alguna querella del propio Blesa contra quienes los aireen, o amenazados de volatilización en aplicación de la ley mordaza, esa que tipifica como delito la denuncia de delitos cometidos por las autoridades. Los ha subido a la red la página de xnet, que tiene un buzón para recibir denuncias anónimas. Y, de la red, han pasado a todos los diarios digitales.

Son miles de mensajes de Blesa y otros directivos de Cajamadrid entre ellos y con terceros de gobiernos, empresas, partidos, etc. Dado su carácter presuntamente delictivo en muchos casos, la batalla será sobre la legalidad de la publicación/revelación de correspondencia, etc., etc. A nuestros efectos, procederemos como si ya estuviera resuelta a favor del derecho de la ciudadanía a saber quién ha estado robándole, desde cuándo, cómo, para qué, en qué cuantía. Todo presuntamente, por supuesto. Un derecho que deriva no solamente de haber sido expoliada y arruinada, sino, además, forzada a pagar un rescate estratosférico de la entidad quebrada.

Las cajas eran lo más parecido a una banca pública. Los partidos pasaron a administrarlas a través de su control de las instituciones con ánimo de saqueo sin límite y sin ningún sentido de la responsabilidad. Y, a fuerza de dispendios, desfalcos, apropiaciones indebidas, derroches suntuarios, estafas, consiguieron quebrar el conjunto, dejando decenas de miles en la ruina y produciendo una catástrofe en el sistema bancario. Lo llamaron crisis y los mismos que nombraron y mantuvieron a los presuntos apandadores, tipo Blesa o Rato, se autoasignaron la tarea de remediar el desaguisado con dineros públicos, o sea, con fondos de los estafados y expoliados. Insisto, lo llamaron crisis.

El panorama es estremecedor. Aznar, Rajoy, todos los gobiernos del PP, el PP en su conjunto y parte de la clase política de otros partidos así como sindical están pringados. Y, en verdad, no se entiende cómo el gobierno sigue sin dimitir y el PSOE sin presentar una enmienda a la totalidad de este desaguisado en forma de moción de censura. Salvo que los intereses creados en el desorden cleptocrático español los haga a todos cómplices en la tarea de ocultar o mitigar sus aspectos más indignos. Es posible que el asunto de los ERE, que es una verdadera vergüenza para el PSOE, le reste ánimos para confrontarse con el partido del gobierno en sede parlamentaria, en donde sin duda le sacarán los trapos sucios. 
Sin embargo, la respuesta, como el deber, es clara: hay que denunciar la corrupción, aunque parte de la denuncia te caiga sobre la cabeza. Más vale ponerse colorado una vez, etc., etc. Esta exposición coram populo de los tejemanejes de una pandilla de sinvergüenzas que durante años (mandato de Blesa: 1996-2009; mandato de Rato: 2010-2012) parecen haber estado viviendo a cuerpo de rey, ellos y sus allegados, a base de estafar a la colectividad no puede ocultarse en los vericuetos procesales, lentos y confusos. Deben constar de forma clara, sintética, fácil de consultar -como lo están esos emails que parecen un prontuario para granujas- y de comprobar. Porque cuentan la historia de cómo se ha gobernado este país en los últimos veinte años. Como una cleptocracia.

Las tarjetas black, los créditos a fondo perdido, los chanchullos a favor de los amigos, correligionarios o adversarios favorables, las subvenciones sin justificar, los gastos suntuarios, las trampas, las comisiones, los latrocinios, las mediaciones ilegales, los perjuicios conscientes causados a los patrimonios de impositores y clientes, la desvergüenza, son algunas de las pinceladas de un panorama de saqueo público por medios institucionales. A Blesa lo nombró y mantuvo Aznar, que aparece con tintes sombríos en muchos mails; a Rato, Rajoy, el de los sobresueldos. Aguirre acosaba a la Caja para ponerla más a su servicio. 
Los consejeros, con alguna excepción (supongo), una partida de pillastres que se pulían los dineros públicos en jolgorios y consumo ostentoso. Blesa tenía tratos, todos del mismo color, con Díaz Ferrán (un beneficiado que hoy duerme en Soto del real), Cerezo, Villar Mir, Gallardón, Barrionuevo y un sin fin de relevantes personalidades de integérrima virtud, aparte de constituirse en benefactor de los partidos políticos, a los que repartía millones en créditos como si fuera la pedrea. Y eso en sus ratos libres, entre cacería y cacería con unas fotos ante cadáveres de hermosas fieras de la selva que son un bochorno para el género humano, aunque quizá no para él que de humano parece tener poco.

Esos correos electrónicos deberían servir para retirar de la vida pública a todos los que aparecen en ellos, remitentes, destinatarios y sujetos en ellos mencionados. Son la manifestación de la picaresca tradicional adaptada a las nuevas tecnologías. 
 
Son la marca España.
(*) Catedrático emérito de Ciencia Política en la UNED

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