jueves, 27 de septiembre de 2012

Descubren en Totana una fortificación de hace 4.200 años única en Europa


MURCIA.- Los trabajos arqueológicos realizados en el yacimiento de La Bastida, en Totana, han sacado a la luz un sistema de fortificación de hace 4.200 años que confirma que la ciudad fue el asentamiento más desarrollado de Europa en términos políticos y militares durante la Edad de Bronce, sólo comparable con la civilización Minoica de Creta.

   Así lo han hecho saber en rueda de prensa el consejero de Cultura y Turismo, Pedro Alberto Cruz, acompañado del catedrático de Prehistoria de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB) y director de la excavación, Vicente Lull; el responsable del Área de Proyectos Estratégicos de la Universidad, Iván Martínez; y la alcaldesa de Totana, Isabel María Sánchez.
   Lull ha destacado que la estructura de fortificación es "insólita" porque los elementos que la constituyen "no se conocían en Europa", y sólo se conocían un poco antes en el Próximo Oriente, después de la tradición mesopotámica y egipcia, básicamente en las fortificaciones de Siria y Palestina, así como en Anatolia.
   En este sentido, el catedrático remarca que lo interesante es que los contactos entre este y oeste en esa época "eran absolutamente imposibles de certificar", por lo que la fortaleza de La Bastida representa "el mueble a través del cual los arqueólogos van a poder establecer esa vinculación".
   El director de la excavación ha señalado que se trata de una vinculación estructural, porque la fortificación es un monumento "iguales a sus paralelos en el Próximo Oriente". De todas formas, ha precisado que todavía queda por excavar la parte interior de la muralla, y el análisis de los elementos muebles que encuentren "pueden arrojar más luz sobre esa relación".
   Cuando los arqueólogos excaven el resto del complejo podrán averiguar a qué responde con exactitud. De momento, Lull plantea la posibilidad de que la fortaleza fuera construida por un "ingeniero loco" que venía del Próximo Oriente a hacer algo así. Se trata de la única posibilidad que "entra en la cabeza" de los arqueólogos, porque es "insólito que en el 2.200 a.C se rompan las estructuras urbanísticas de forma tan radical".
   Como conclusión, Lull establece que es preciso rescribir la historia de la cultura argárica, ya que "no se trata de una sociedad que va gestando un Estado, sino que se trata de una sociedad que ya entra de forma poderosa y fuerte, que se identifica con una conquista y que se defiende inmediatamente".
   La fortificación constaba de una muralla de dos a tres metros de grosor, construida con grandes piedras trabadas con argamasa y reforzada por torres macizas tronco-piramidales distribuidas a escasa distancia entre sí, de unos cuatro metros de lado. La altura original del complejo defensivo rondaría los seis o siete metros, de los que se conservan cuatro, ha añadido Cruz.
   El catedrático ha remarcado que se trata de una fortificación militar pensada estratégicamente, y explica que este avance es "fundamental y básico" desde el punto de vista de la historia militar".
   Lull ha explicado que en la época anterior al asentamiento de La Bastida, el enfrentamiento entre la gente se producía al llamamiento del tradicional "pueblo a las armas", con la salvedad de que en aquél contexto "no había armas", por lo que las personas tenían que recurrir a sus herramientas para matar a los enemigos.
   En cambio, a partir de la época argárica y, concretamente, con el asentamiento de La Bastida, este concepto cambia y la población ya dispone de armas. De hecho, el arma principal de esta época es "muy sofisticada" y consiste precisamente en impedir que el enemigo penetre en la fortaleza de una manera estratégica, lo que constituye una contestación en tácticas de guerra.
   A la hora de construir la fortaleza se tuvo en cuenta que los atacantes tienen que dejar visible siempre el flanco más débil, que es el derecho porque es donde portan las armas, por lo que los defensores tenían una posición desde donde acribillarlos. Concretamente, podían acribillarlos desde tres flancos diferentes, no sólo de frente, sino también desde los lados.
   Si los atacantes superaban este hostigamiento, la estructura de la fortaleza les obligaba a transitar por un recodo dejando libre su parte más frágil para, posteriormente, acceder por unos portones "enormes" y de difícil acceso, que estaban colocados en rampa y que los arietes no podían tumbar al no haber espacio suficiente para hacer presión, porque los atacantes se caerían por el barranco.
   En el supuesto de que los agresores lograran tumbar las puertas, Lull explica que entrarían en un pasillo fortificado que actualmente conserva cuatro metros de altura en cada lado y cuatro metros de anchura. Los atacantes podían entonces pensar que habían conquistado felizmente la ciudad, pero eso no era así porque entonces eran asediados por los defensores que estaban sobre los muros.
   Aún así, suponiendo que los atacantes pudieran acabar con los habitantes, la fortaleza contaba con una puerta trasera secundaria por la que podían salir los guerreros de la ciudad para atacar por la espalda a quienes habían conseguido acceder. "Es decir, es una estructura militar complejísima hecha exclusivamente para ese uso", remarca Lull.
   En este sentido, lo único que han encontrado los arqueólogos en la parte que han excavado de la parte interior son armas construidas con cuerno de ciervo que parecen alabardas, así como puntas de flecha. Además, han localizado una tumba de mujer "muy interesante", aunque casi todo el interior está todavía por excavar.
   Hasta ahora se han descubierto seis torres a lo largo de un tramo de 70 metros, aunque el perímetro de la fortificación habría alcanzado los 300 metros. La entrada al recinto se realizaba a través de un pasillo flanqueado por potentes muros, que quedaría cerrado con portones encajados entre gruesos postes de madera.
   Uno de los elementos arquitectónicos más relevantes que se han descubierto es un arco apuntado que remata una poterna, o puerta secundaria, próxima a la entrada. El arco se ha conservado completo y es inédito en la prehistoria europea. Sus precedentes se hallan en la segunda ciudad de Troya (Turquía) y en el mundo urbano del Próximo Oriente (Palestina, Israel y Jordania), influido por las civilizaciones de Mesopotamia y Egipto.
   Esto indicaría la participación de gente de Oriente en su construcción, llegada a La Bastida tras la crisis que asoló sus regiones hace 4.300 años. Hubo que esperar entre 400 y 800 años para que civilizaciones como la hitita y la micénica, o grandes ciudades-estado mediterráneas como Ugarit adoptasen esta innovación en su arquitectura militar.
   Las torres y los lienzos de muralla revelan conocimientos muy avanzados en arquitectura e ingeniería, salvando desniveles de hasta el 40 por ciento. Las argamasas utilizadas proporcionaron una enorme solidez a la obra, trabando con fuerza las piedras, haciendo impermeables sus paredes y negando así cualquier asidero a los asaltantes.
   La Bastida pretende ser excavada sistemáticamente para ofrecer al público un Parque Arqueológico único en España, que aúne un museo monográfico, un centro de investigación y documentación, y un yacimiento acondicionado para su visita.
   El consejero se ha comprometido a que se trata de un "camino de no retorno", y el proyecto forma parte del "catálogo de prioridades del Gobierno regional" a pesar de las "dificultades presupuestarias de la Comunidad".
   Lull ha remarcado la "suerte" que tiene la Región de tener un yacimiento de "esta envergadura", y ha apreciado que "con un poco de inteligencia se puede hacer algo notable". Ahora mismo, los arqueólogos están trabajando para que las lluvias y las inclemencias del tiempo no afecten al conjunto.

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