lunes, 24 de enero de 2011

El nuevo gobierno de Túnez enfrenta más protestas y una huelga de maestros


TÚNEZ.- Miles de manifestantes exigieron este lunes la dimisión del gobierno de transición, llegando a enfrentarse con la policía ante la sede del primer ministro, mientras los maestros cumplían una huelga, acatada masivamente en todo el país, para apoyar el movimiento. 

Una gran tensión reinaba este lunes delante de las oficinas del primer ministro donde se produjo el enfrentamiento entre policías y manifestantes, mientras la vuelta a clases de la escuela primaria estaba comprometida por una huelga de los maestros.
Los manifestantes, que exigen desde hace una semana la dimisión del gobierno de unión nacional del que forman parte varias figuras del régimen de Ben Alí, vieron una vez más aumentar sus filas.
De unos cientos al alba, pasaron a ser miles en las primeras horas de la tarde -"entre 3.000 y 5.000", según un militar- los que protestaban en la explanada de la Kasbah, cerca del palacio en el que se encuentra el despacho del primer ministro tunecino, Mohamed Ghanuchi.
Otras manifestaciones, a las que se unieron los estudiantes secundarios, desfilaron por la avenida Habib Burguiba, la principal arteria de la capital.
En la mañana de este lunes, los policías antidisturbios lanzaron gases lacrimógenos contra manifestantes antigubernamentales que les arrojaron piedras y otros objetos delante de las oficinas del primer ministro.
Los incidentes se produjeron cuando la policía trataba de evacuar a funcionarios desde la sede del Gobierno.
El incidente fue breve pero la tensión era importante en la gran explanada donde los militares parlamentaban con los manifestantes para tratar de calmarlos.
Las puertas del palacio de la sede del Gobierno estaban estrechamente protegidas por militares. Los accesos a la Kasbah fueron cerrados mediante alambradas y cordones del ejército y la policía.
Más tarde, un grupo de manifestantes destruyó un automóvil de la policía vacío en una calle vecina, después de perseguir a personas que habían confundido con miembros del gobierno que entraban en un edificio oficial.
Cada vez, los militares, muy populares en Túnez por haberse negado a disparar contra los manifestantes antes de la caída de Ben Alí, los protegieron haciendo barrera con sus cuerpos entre manifestantes y policías. La calma volvió poco a poco.
Ante las manifestaciones para pedir su dimisión, el Gobierno parecía contar con un agotamiento del movimiento y trataba de poner en marcha el país.
La semana pasada, el Gobierno de transición había decretado el reinicio de las clases para la enseñanza primaria y para los alumnos de los últimos cursos de segundaria.
Pero el sindicato de maestros llamó a una "huelga ilimitada" para exigir también la dimisión del Gobierno. La consigna era acatada este lunes por casi todos los maestros tunecinos, según dirigentes sindicales del sector.
"Según nuestras informaciones, el movimiento es seguido a 90-100% en todo el país. Sólo hay escasos casos de enseñantes no huelguistas", afirmó el secretario general sindicato nacional de docentes de la primaria, Hfayed Hfayed.
Este lunes, el Gobierno no había comentado la amplitud del movimiento de los docentes.
El domingo, los manifestantes de la capital habían recibido el refuerzo simbólico de la población del interior que provocó la caída del régimen de Ben Alí.
Desafiando el toque de queda, vigente entre las 20.00 y las 05.00, cientos de manifestantes durmieron en la explanada de la Kasbah, abastecidos de alimentos y bebidas por los habitantes del vecindario, bajo la vigilancia del ejército.
"Nos vamos a quedar aquí hasta que este gobierno dimita y huya como Ben Alí", declaró Othmene, de 22 años, un estudiante tunecino miembro de la Unión General de Estudiantes de Túnez (UGET).

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hasta que estalló ningún medio de información habló de lo que estaba sucediendo en Túnez.
Teóricamente, la versión oficial, avalada por esos monstruos de la inteligencia que tiene el CNI indicaban que los radicales Islamistas podían hacerse con el poder en toda la cornisa sur del Mediterráneo.

Pues bien, pese a sus pañuelos y demás abalorios tradicionales, lo que late en el corazón de los oprimidos es un gran deseo de libertad y democracia; único camino que cren ellos que les llevara a alcanzar unos mínimos de bienestar.
Qué vengan ahora los sociólogos y demás grupos de expertos a teorizar la incompatibilidad de la democracia y la libertad con los países musulmanes.

No niego que existan sectores reaccionarios vinculados a la religión como nuestro nacionalcatolicismo vinculado al PP.

Pero al final termina prevaleciendo la opinión de la gente corriente que lo único que desea es vivir con la mayor dignidad, material y moral, posible.