lunes, 17 de mayo de 2010

Escámez, fallecido el sábado en Madrid, será enterrado el martes en Águilas

ÁGUILAS.- El banquero murciano, Alfonso Escámez Sánchez, fallecido el sábado por la noche en su casa de La Moraleja, en Madrid, será trasladado hoy a Águilas, su localidad natal, donde será enterrado el martes en el panteón familiar junto a su esposa, su madre y hermanos ya fallecidos, tras oficiarse una misa-funeral en la Iglesia de San José.

El ex presidente del Banco Central y de CEPSA falleció a los 94 años, después de padecer un problema cerebral hace dos semanas. El Marqués de Águilas fue trasladado al Tanatorio de La Paz, cercano a la localidad madrileña de Tres Cantos, donde quedó instalada la capilla ardiente.

Alfonso Escámez se casó en 1947 con la alicantina Aurelia Torres Pomata, quien falleció el 30 de agosto de 1997 en el hospital Virgen de la Arrixaca, de Murcia, y fue enterrada al día siguiente, domingo, en el panteón familiar de los Escámez en el cementerio de Águilas.

Al sepelio no acudió ni se excusó entonces, el presidente de la Comunidad Autónoma, Ramón Luis Valcárcel, según confirmaron en aquella fecha fuentes de la familia tras la inhumación de la marquesa de Águilas en una calurosa tarde de final de verano.

Al cabo del tiempo corrió el rumor de un supuesto noviazgo del ex banquero con la hermana de la reina Sofía, la princesa Irene de Grecia, con la que compartií trabajo en la Fundación CEPSA, pero al parecer los planes de boda no pasaron de ahí tras la supuesta intervención de algunos de los sobrinos de Escámez pese a llegar a aparecer, incluso, juntos por Águilas.

Biografía

Alfonso Escámez nació en Águilas el 1 de enero de 1916. Su familia, situada en una casa de planta única en la calle Triana, se dedicaba al comercio del pescado. Su padre, Agustín, tenía especial habilidad para los negocios. De él heredaría Alfonso la facilidad para realizar cálculos matemáticos de memoria.

Estas virtudes llevaron a Agustín Escámez a ser el presidente del Pósito de Pescadores de Águilas.

Del matrimonio entre Agustín y Concepción nacieron María, Alfonso, Agustín, Antonio y Manuel.
En sus primeros años Alfonso asistió al colegio Santo Tomás de Aquino. Su padre y su tía Dolores sabían que el niño tenía capacidad para ir a la Universidad y obtener una importante carrera. Por eso Alfonso Escámez asistía además a clases particulares.

En 1928 murió en accidente de tráfico Agustín Escámez. A partir de ese momento cambió la vida de la familia con la desaparición también del negocio familiar.

La madre de Alfonso, Concepción, comenzó a trabajar como costurera para mantener a la familia. Pronto se unió al dinero que entraba en la casa el sueldo de 15 pesetas que Alfonso ganaba como meritorio en la sucursal de Águilas del Banco Internacional de Industria y Comercio.

Tras la crisis del año 1929 el Banco se vio obligado a reducir personal y Alfonso Escámez, con trece años, perdió su primer trabajo. Pero en este puesto había tenido el primer contacto con las cartillas de ahorros, balances, cajeros y auxiliares.

Una de las familias para las que trabajaba de costurera Concepción, los Muñoz-Calero, dio a Alfonso un puesto de trabajo como ayudante del cajero de su empresa de esparto. En pocos meses la labor del niño consistía prácticamente en desarrollar el trabajo de cajero, y cobraba 60 pesetas mensuales.

Antonio Castellas Carrasco, director de la sucursal del Banco Internacional de Águilas, se fijó en las buenas maneras para las cuentas y los negocios de Alfonso Escámez. En una reunión le ofreció un puesto de trabajo en el banco como oficial. Alfonso, cauto, le dijo que le dejara un día para pensarlo, pero en su interior estaba eufórico.

La deuda moral que tenía con José Muñoz le hizo comentar con él esta oportunidad. Muy sinceramente don José le dijo que aceptara el puesto.

En este trabajo en un banco Alfonso aprendió taquigrafía, mecanografía y contabilidad.

El inspector en la dirección central del Banco Internacional hizo una visita a la sucursal de Águilas. En su recorrido tuvo la fortuna de observar el buen trabajo que realizaba Alfonso con las divisas extranjeras.

Cuando se necesitó en Alicante un puesto de jefe de Cartera Extranjera, Juan Criado recordó al niño de Águilas y lo propuso para el trabajo.

Como buen negociante, Alfonso Escámez dejó bien atados los cabos de su traslado.

En Alicante, por primera vez, vivía lejos de su familia. Pero no estaría solo por mucho tiempo, ya que por mediación de un amigo, conoció a Aurelia, su futura esposa, y a la que desde el principio Alfonso llamó cariñosamente Aure. La relación entre ellos se formalizó en 1939.

Debido a su buena situación económica Alfonso pensó en el traslado de su familia a Alicante. Su madre, su hermana mayor y el benjamín de la familia se mudaron a la capital alicantina, en la que ya se encontraban Alfonso y Agustín. El único hermano que quedó en Águilas fue Antonio, en el antiguo puesto de trabajo de Alfonso.

En 1936 estalló en España la Guerra Civil y la familia de Alfonso se encontraba en zona republicana. Alfonso fue movilizado y, tras pasar por Murcia, Orihuela y Los Jerónimos en uno de los batallones de la aviación, pasó la mayor parte de la contienda en el aeropuerto de Los Llanos.

Tras acabar la guerra Alfonso volvió a Alicante, pero a los cuatro días fue llamado para incorporarse al Ejército franquista en Madrid.
El Comandante Majón, alto mando del ejército nacional, enseguida se fijó en Alfonso para que pusiera orden al, maltrecho tras la guerra, aparato administrativo del Colegio Oficial de Licenciados en Filosofía y Letras, del que era secretario. Se trataba del trabajo vespertino de Alfonso.

Escámez, por su experiencia, pronto se reincorporaría a las filas del Banco Internacional. En esta nueva etapa necesitaba más tiempo para estar en el banco por lo que, junto a un amigo, compró una moto para desplazarse con mayor rapidez por Madrid y ganar de esta forma el tiempo que necesitaba.

Pero lo que realmente anhelaba Alfonso era regresar a Alicante junto a su familia y Aure. El año 1944 fue el de la primera conversación entre Alfonso e Ignacio Villalonga. Escámez acabó deslumbrado. Desde ese momento descubrió qué era por lo que había estado luchando desde su infancia.

En 1945 Alfonso fue designado inspector de Sucursales del Banco Central. Esto le valió para conocer el funcionamiento de las escalas más bajas del banco.

Villalonga mandó a Granada a Escámez para la absorción de la banca Rodríguez Acosta, una de las fundadoras del Banco Central. Cuando Alfonso salió de Granada en dirección a Madrid, la absorción se había realizado con éxito para los propietarios. Este hecho cambió de forma radical la visión que de él se tenía en el Banco Central, y reafirmó la de Villalonga.

En 1947 Escámez es destinado a un trabajo para el Banco Central en Elche. Ese mismo año se casaría con Aure, su novia de toda la vida.

En los tres años siguientes Alfonso trabajó en Galicia y Zaragoza, hasta que en 1950 llegaba a Madrid con el cargo de subdirector principal de Madrid y su zona. No tardaría mucho en ascender a director de la oficina principal.

En 1955 Alfonso Escámez fue nombrado subdirector general del Banco. En 1956 intervino decisivamente en la creación de la Compañía Española del Zinc. Al año siguiente fue nombrado director gerente adjunto y viajaba a Marruecos para instalar una sede de Unión Bancaria Hispano-Marroquí, nuevo banco creado por los intereses de los bancos españoles en el país africano.

En 1958 era nombrado director gerente del banco. Había entrado en el sancta santorum. En 1959 desde el gobierno le ofrecen a Alfonso el puesto de director del Instituto Español de Moneda Extranjera. Para los dirigentes españoles encaja perfectamente con la línea aperturista que quería el régimen de Franco.

En una época tan difícil para la banca española como los años 50, Alfonso Escámez había conseguido en el extranjero trescientos créditos para la importación de bienes de consumo por una cuantía de quinientos millones de marcos y doscientos millones de dólares.

A primeros de los 60 se crean en el banco dos direcciones generales, una de ellas sería para Alfonso Escámez. Pero en 1963 se quedaría como director general único.
En 1964 el Banco Central comenzó a cotizar en la Bolsa de Francfort. Escámez abrió definitivamente las puertas de los demás países para no volver a cerrarse.

En 1965 Escámez entra en el consejo del banco sin renunciar a su cargo de director general, algo inédito hasta ese momento.

A finales de los 60 se traslada a vivir, a precio de saldo, a la naciente zona residencial de lujo de Madrid: La Moraleja. Para él era un refugio a las afueras de la urbe en el que podía encontrar la tranquilidad que sólo conocía cuando se trasladaba a su Águilas natal.

En el año 1970 el Banco Central sobrepasa por primera vez en su historia los dos mil millones de beneficios. Escámez era ya el presidente virtual de la entidad ante la enfermedad de Villalonga. Creó su propio grupo de mando. Para estos puestos escogió a hombres que se habían formado bajo la tutela de Alfonso, como Felipe Navaltropo, que tantas veces le había ayudado con los idiomas, y Luis Blázquez Torres.

En el año 1972 el Banco Central abría sus primeras sucursales en Paris y Londres, y toma una participación en la Banque Arabe et Internationale d¿Ìnvestissements, constituida en París bajo los auspicios de la Banque Nationale de Paris. La expansión internacional que tanto le había costado a Escámez seguía con buen ritmo.

El año 72 se cerraba con unos beneficios que superaban los tres mil millones de pesetas. En 1973 es nombrado vicepresidente del Central en una votación unánime del Consejo. Ese mismo año moriría Ignacio Villalonga y Escámez pasaría a ser presidente del Banco Central.

Heredó de su predecesor en el cargo el espíritu vanguardista y la defensa del aperturismo económico hacia Europa. Su máxima a partir de su nombramiento fue situar a la entidad en el vértice superior de la pirámide del sistema bancario español.

Desde ese momento Alfonso Escámez no dejaría su puesto de privilegio hasta su retiro en 1993.

En la actualidad Alfonso Escámez era Presidente de Honor de Cepsa. Un hombre que ha recibido en su casa a Sus Altezas los Reyes de España, y que se codeaba con sus paisanos de a pie cada vez que se acercaba por la ciudad de la costa murciana que le vio nacer.

El 20 de diciembre de 1996 el Tribunal Supremo decidió dejar fuera de la imputación en el caso “Filesa” a los representantes de la banca y las finanzas, por considerar prescrito el presunto delito cometido de falsedad en documento mercantil, segun ha recordado Region de Murcia Digital.